
El Diablo y sus DemoniosEl Diablo y sus Demonios
Terapia para un alma inmortal (y otras mortales…)Therapy for an immortal soul (and a few mortal ones…)
¿Puede el mismísimo Diablo necesitar terapia?
Could the Devil himself need therapy?
En esta obra irreverente y mordaz, "El Diablo y sus Demonios: Terapia para un alma inmortal (y otras mortales...)", el Infierno se sienta en el diván para explorar la vida, la muerte, el amor, la soledad, y hasta el tiempo. A través de sesiones llenas de sarcasmo, humor negro y reflexiones incómodamente honestas, el Diablo nos invita a reírnos de todo aquello que nos aterra… incluso de nosotros mismos.
In this irreverent and biting work, *The Devil and His Demons: Therapy for an Immortal Soul (and Other Mortal Ones...)*, Hell takes a seat on the analyst's couch to explore life, death, love, loneliness, and even time itself. Through sessions filled with sarcasm, dark humor, and uncomfortably honest reflections, the Devil invites us to laugh at everything that terrifies us—even ourselves.
Con diálogos afilados y una puesta en escena minimalista pero impactante, esta obra es un espejo distorsionado que refleja nuestras obsesiones modernas: desde la felicidad fugaz hasta las dietas imposibles, desde el fracaso inevitable hasta las redes sociales que nos devoran. ¿Qué mejor manera de enfrentarnos a nuestras sombras que de la mano del mismísimo diablo?
With razor-sharp dialogue and a minimalist yet striking staging, this play acts as a distorted mirror reflecting our modern obsessions—from fleeting happiness to impossible diets, from inevitable failure to the social media that consumes us. What better way to confront our shadows than alongside the Devil himself?
Prepárate para un viaje al corazón de tus miedos, tus risas y tus verdades más profundas. Porque al final, todos tenemos un pequeño demonio con el que lidiar.
Get ready for a journey into the heart of your fears, your laughter, and your deepest truths. Because in the end, we all have a little demon to deal with.
Puedes leer el capítulo completo en una ventana de lectura protegida — pensada solo para leer.
You can read the full chapter in a protected reading window — meant for reading only.
Prólogo
Hace casi treinta años, cuando apenas era un adolescente lleno de sueños, encontré en el teatro mi primer refugio creativo. Allí, en aquellas primeras líneas garabateadas, descubrí que las palabras tienen el poder de construir mundos, personajes, y emociones que trascienden la página. Escribía sin descanso, con la convicción de que el escenario era un lugar donde todo era posible. Con el tiempo, otras historias, otros caminos y otros proyectos se interpusieron, pero ese primer amor por el teatro nunca se apagó. Hoy, al escribir estas líneas, siento que estoy regresando a casa.
Esta obra es un regreso a esas raíces, a esa chispa que encendió mi pasión por contar historias. Pero también es una invitación: a reírnos de la vida, del caos que nos rodea, y, sobre todo, de nosotros mismos. Porque si algo he aprendido en estos años es que el humor no solo es una herramienta para sobrevivir; es un acto de resistencia. El sarcasmo, la ironía y la capacidad de reírnos de todo —y de nada— son pequeños gestos que nos mantienen cuerdos en un mundo que, a menudo, parece decidido a llevarnos al límite.
Sin embargo, esta obra no pretende ser más que lo que es: un entretenimiento. No hay moralejas escondidas ni grandes lecciones sobre la vida. Solo un espacio donde la risa y la reflexión se encuentran, donde los personajes toman el escenario y nos muestran, con humor y algo de irreverencia, el lado absurdo de nuestras preocupaciones, miedos y ambiciones.
Les pido, entonces, una mente completamente abierta. Permitan que los diálogos les provoquen una sonrisa, una carcajada o, tal vez, un pensamiento inesperado. El propósito de este escrito es simple: entretener. Si al final de la obra sienten que se han reído, que han reflexionado un poco, o que se han permitido dejar de lado, aunque sea por un momento, las preocupaciones de la vida cotidiana, entonces habremos cumplido nuestro objetivo.
Con este prólogo doy inicio a una obra que no busca otra cosa más que eso: compartir la magia del teatro, el poder del humor y, quizá, la pequeña verdad que se esconde detrás de una buena broma.
Bienvenidos a El Diablo y Sus Demonios. Que el tiempo que pasen aquí les arranque sonrisas, carcajadas y, por qué no, un par de pensamientos incómodos. Pero, sobre todo, que les recuerde que, incluso en el caos, siempre hay espacio para reír.
— A.L. Maldonado
Apertura del Primer Acto
(Se abre el telón. Las luces del teatro se atenúan gradualmente, dejando el escenario completamente oscuro. Se escucha el sonido constante de un reloj marcando las 3:33, acompañado de un eco suave y perturbador. Lentamente, una luz tenue comienza a iluminar el escenario, revelando el consultorio del psicólogo.)
El consultorio: El diván de cuero oscuro está colocado en el centro del escenario, con una lámpara de pie junto a él, proyectando sombras alargadas en las paredes. El escritorio de madera oscura está ordenado, con una libreta cerrada, un bolígrafo perfectamente alineado, y una taza de café humeante. El reloj de pared marca las 3:33, pero sus manecillas vibran ligeramente, como si intentaran avanzar sin éxito. La estantería, llena de libros de psicología y filosofía, parece un testigo silencioso del espacio.
(El telón está completamente abierto, dejando al consultorio como único protagonista. La atmósfera es tranquila pero inquietante, amplificada por el eco del tictac.)
(La puerta del consultorio se abre lentamente. El psicólogo entra, vestido de manera impecable, pero con un aire de rutina. Lleva otra libreta y un reloj de bolsillo que consulta al sentarse. Coloca la libreta sobre el escritorio y organiza su espacio, sin prisa.)
(Por unos momentos, el consultorio permanece en completo silencio, roto solo por el tictac del reloj. De repente, la puerta se abre con un estruendo inesperado. El Diablo entra con teatralidad, vistiendo un traje negro impecable, y una sonrisa que mezcla burla y confianza. Su presencia llena el espacio de inmediato, reclamando la atención del público.)
Primera sesión
Psicólogo: [mirando su libreta] Buenas tardes. Tome asiento, por favor.
Diablo: [observa el diván con desdén] Ah, el clásico diván. Casi un cliché, ¿no cree? Pero bueno, no vine a criticar su decoración.
(El Diablo se sienta, pero no se recuesta. Cruza las piernas con elegancia y apoya una mano en el reposabrazos, inspeccionando el reloj.)
Psicólogo: ¿Nombre?
Diablo: ¿De verdad necesita preguntarlo? Muy bien, vamos a jugar. Lucifer, Belcebú, Satán... escoja el que más le guste. Aunque "Diablo" es corto y directo, ¿no cree?
Psicólogo: Diablo, entonces. [escribiendo en su libreta] ¿Motivo de la consulta?
Diablo: [sonriendo con ironía] Oh, doctor, estoy abrumado por mi existencia. Siglos y siglos cargando con el peso de los pecados de la humanidad. Y ni hablemos de la reputación... "El villano eterno". ¿Sabe cuántas veces me culpan por cosas que no hice?
Psicólogo: [sin levantar la vista] ¿Quiere decir que no es responsable de todo el mal del mundo?
Diablo: Por supuesto que no. La gente tiene libre albedrío, pero parece que les resulta más fácil apuntar con el dedo. "El diablo me hizo hacerlo." No, querida, tú decidiste comerte ese bizcocho entero. Yo solo te mostré la receta.
Psicólogo: [escribiendo lentamente] Entiendo. Entonces, ¿está aquí porque siente que no se le da suficiente crédito?
Diablo: [pausa teatral] Crédito. Esa es una palabra interesante. Digamos que estoy aquí porque me aburro de ser quien soy. Todo el mundo cree que ser el Diablo es divertido, pero nadie habla de las partes tediosas. [se inclina hacia adelante] Como limpiar el infierno.
Psicólogo: [levanta la vista por primera vez] ¿Limpiar el infierno?
Diablo: [con tono conspirativo] Es una carnicería, doctor. Literalmente. El olor a sangre y carne podrida es abrumador. No puedo ni respirar, y eso que no tengo pulmones.
Psicólogo: [anotando algo más] Parece que está describiendo un ambiente que le resulta... insostenible.
Diablo: Esa es una forma elegante de decirlo. Yo lo llamo "un asco absoluto". Mire, doctor, el infierno era mi hogar. Ahora es un basurero. Y no solo es culpa mía; ellos vienen solos. [señala hacia arriba] Pero claro, nadie culpa al "otro lado" por mandar gente que no está preparada para soportar el calor.
Psicólogo: Parece que está buscando una solución.
Diablo: [riendo suavemente] Solución. Otra palabra divertida. No estoy seguro de que haya una, pero por ahora, supongo que hablar con usted es un buen comienzo.
Psicólogo: Y hablando conmigo, ¿qué espera encontrar?
Diablo: Respuestas, supongo. Aunque no sé si estoy buscando respuestas para mí o para alguien más. [pausa] O quizás solo quiero un poco de compañía. Resulta que incluso el "villano eterno" puede sentirse... solo.
Psicólogo: [toma nota, pero levanta la vista] ¿Está diciendo que se siente solo?
Diablo: Por supuesto. ¿Cree que es divertido pasar la eternidad con almas que solo lloran y se quejan? ¿Sabe cuántas veces he escuchado "oh, si pudiera regresar y hacerlo diferente"? Es agotador.
Psicólogo: [escribiendo lentamente] ¿Y no encuentra satisfacción en su trabajo?
Diablo: Depende del día. Algunas almas son entretenidas, lo admito. Tienen ese toque de drama que hace que valga la pena. Pero la mayoría... aburridas. Todos los pecados del mundo y, aun así, siguen siendo terriblemente predecibles.
Psicólogo: ¿Predecibles cómo?
Diablo: Mire, doctor, el libre albedrío es un mito. La mayoría de los humanos hacen lo que creen que está "destinado" a suceder. Es como si caminaran por un laberinto con las paredes pintadas de sus propias decisiones equivocadas.
Psicólogo: [anotando algo] Interesante metáfora. ¿Y usted se siente atrapado en su propio laberinto?
Diablo: [ríe suavemente] Oh, doctor, mi laberinto no tiene paredes. Es un círculo perfecto, diseñado para que siempre vuelva al mismo lugar. Es el mejor truco que "Él" me jugó.
Psicólogo: ¿"Él"?
Diablo: Ya sabe a quién me refiero. [mirada intensa] Mi creador, mi oponente, mi jefe... o como prefiera llamarlo. Pero no nos desviemos. Hablemos de algo más interesante: ¿usted alguna vez ha pecado, doctor?
Psicólogo: [con un leve titubeo] Creo que todos lo hemos hecho en algún momento.
Diablo: Exacto. Y, sin embargo, aquí está usted, analizando mis problemas. ¿No es irónico? Usted, el hombre imperfecto, tratando de arreglar al ser que supuestamente encarna todo lo malo.
Psicólogo: Quizás no estoy aquí para arreglarlo. Quizás estoy aquí para entenderlo.
Diablo: [sonriendo] Buena respuesta, doctor. Buena respuesta.
(Pausa. El Diablo se recuesta finalmente en el diván, pero no cierra los ojos. Mira al techo con una expresión pensativa.)
Diablo: ¿Sabe? A veces me pregunto cómo sería simplemente... dejar de ser. Desaparecer. Pero supongo que no se puede "deshacer" al Diablo.
Psicólogo: ¿Y eso lo angustia?
Diablo: [sonriendo, pero con tristeza en los ojos] No lo sé, doctor. Tal vez. O tal vez solo estoy cansado.
(El psicólogo observa al Diablo en silencio, mientras el tictac irregular del reloj llena el espacio. La luz en el escenario se atenúa ligeramente, dejando un ambiente más íntimo.)
Psicólogo: [tras una pausa reflexiva] Mencionó que está cansado. ¿De qué exactamente?
Diablo: [arqueando una ceja] ¿De qué no estaría cansado? Ser el malo de la película, día tras día, siglo tras siglo, ¿cree que no cansa? Aunque, claro, usted lo tiene fácil: una oficina, una silla cómoda, y lo único que carga es un bolígrafo.
Psicólogo: ¿Siente que su trabajo es más pesado que el mío?
Diablo: [soltando una carcajada] ¡Doctor, por favor! Yo cargo con los pecados de toda la humanidad. Usted apenas carga con las quejas de gente que no sabe qué hacer con su vida. [lo mira de arriba abajo] ¿O me equivoco?
Psicólogo: [manteniendo la compostura] No sé si podemos comparar nuestras responsabilidades.
Diablo: [interrumpiéndolo] ¡Claro que no podemos! Yo tengo millones de almas gritando en mi "oficina". ¿Sabe cuántas veces he escuchado a alguien llorar porque "mi jefe no me entiende" o "mi pareja no me escucha"? Créame, doctor, si yo facturara por hora, sería más rico que su creador.
Psicólogo: [arquea una ceja] ¿Mi creador?
Diablo: Bueno, usted sabe a quién me refiero. Aunque, sinceramente, siempre me ha parecido curioso... ¿cómo es que alguien tan "perfecto" crea un mundo tan... defectuoso?
Psicólogo: [anotando lentamente] ¿Cree que el mundo está defectuoso?
Diablo: [con tono teatral] ¡Por supuesto! Pero ese es el truco, ¿no? Diseñarlo defectuoso y luego culparme a mí cuando las cosas salen mal. Es como venderle un auto sin frenos y gritarle al mecánico cuando choca.
Psicólogo: ¿Y eso lo frustra?
Diablo: [riendo con sarcasmo] No, me encanta. Es mi pasatiempo favorito. [pausa] Aunque a veces, solo a veces, desearía que alguien tuviera el valor de admitir que yo no hago todo el trabajo. ¿Quiere saber un secreto, doctor? Los humanos son expertos en autodestruirse sin mi ayuda.
Psicólogo: ¿Y eso le da algún tipo de satisfacción?
Diablo: Depende. Si lo hacen con estilo, sí. Pero la mayoría ni siquiera se esfuerza. Es como si hubieran olvidado cómo pecar con elegancia. [con tono crítico] Todo es tan... aburrido. "Mentí en mi declaración de impuestos", "engañé a mi pareja"... ¡dónde está la creatividad!
Psicólogo: [con calma] ¿Siente que su trabajo carece de emoción últimamente?
Diablo: [se inclina hacia adelante, señalándolo con un dedo] Ah, ¡eso sí fue un buen análisis, doctor! ¿Ve? Tiene potencial. Pero no se emocione mucho; no me gustan los aduladores.
Psicólogo: [imperturbable] Lo tendré en cuenta.
Diablo: [mirando alrededor con desdén] Por cierto, ¿siempre es tan minimalista con su decoración? Este lugar podría usar un poco de fuego, quizás unas gárgolas. Pero no, todo es beige y aburrido. Aunque debo admitir que el reloj tiene un toque interesante. ¿Siempre marca la misma hora?
Psicólogo: Es simbólico.
Diablo: [sonriendo con burla] Oh, simbólico. Qué profundo. ¿Sabe qué sería aún más simbólico? Si cada vez que su paciente dice una tontería, las agujas avanzaran, solo para ver hasta dónde llegan los tontos. Sería perfecto para mí.
(El psicólogo lo observa en silencio, sin responder al sarcasmo. El Diablo, divertido, se recuesta en el diván, pero mantiene la sonrisa maliciosa.)
Diablo: Dígame, doctor, ¿siempre es tan estoico? Porque, sinceramente, es un poco aburrido. No se preocupe, yo puedo darle un poco de chispa a esta relación.
Psicólogo: ¿Qué tipo de chispa?
Diablo: [se inclina hacia adelante, sonriendo como un depredador] Oh, nada peligroso. Solo pequeños recordatorios de que usted tampoco está tan por encima de mí como cree.
(El tictac del reloj parece intensificarse mientras el Diablo se reclina nuevamente, cruzando las manos detrás de la cabeza con una expresión de triunfo.)
Psicólogo: [tomando una nota] Entonces, ¿cree que el libre albedrío es un mito?
Diablo: No, no, doctor, es real. Solo que los humanos lo usan como si estuvieran eligiendo entre Pepsi y Coca-Cola. "Oh, tengo libre albedrío, voy a ser malo porque es más divertido." Y claro, ¿quién termina siendo el culpable? Yo. Siempre yo.
Psicólogo: ¿Y eso le molesta?
Diablo: [con sarcasmo] ¿Molestarme? ¡Me fascina! Es como si me dieran un Oscar todos los días por una película que no filmé. [señalando al psicólogo] Aunque, si quiere saber la verdad, creo que usted también me culparía si su café estuviera frío.
Psicólogo: [mirando su taza] ¿Debería preocuparme por mi café?
Diablo: No aún, pero tal vez debería preocuparse por la máquina de expreso. Es una pena que no tenga alma; sería muy divertido condenarla al infierno.
Psicólogo: Volviendo al tema del libre albedrío, usted dice que los humanos lo usan mal. ¿Cómo cree que deberían usarlo?
Diablo: [se lleva una mano al pecho, como si estuviera profundamente ofendido] Doctor, no soy su guía espiritual. Pero, ya que lo pregunta, al menos podrían ser un poco más... originales. Mire, antes la gente pecaba con estilo: banquetes interminables, intrigas palaciegas, guerras por amor... Ahora, lo más emocionante que hacen es gastar de más en Amazon.
Psicólogo: ¿Y eso lo decepciona?
Diablo: [suspirando] Es como si estuviera viendo la misma serie de televisión una y otra vez, pero con peores actores y menos presupuesto. ¿Recuerda cuando Caín mató a Abel? ¡Eso sí era drama! Ahora la gente discute por quién dejó la tapa del baño levantada.
Psicólogo: Entonces, ¿cree que los humanos han perdido el sentido del drama?
Diablo: [riendo] ¡Exacto! ¿Dónde quedó la pasión? ¿La teatralidad? Hoy en día, ni siquiera se toman el tiempo de hacer un buen pacto conmigo. Antes, la gente llegaba con sangre de gallina y pergaminos. Ahora, me mandan mensajes de texto: "Hey, bro, ¿me ayudas con mis deudas?" ¡No soy un influencer!
Psicólogo: [apuntando algo en su libreta] Parece que tiene estándares muy altos.
Diablo: [con una sonrisa socarrona] ¿Altos? Doctor, no se trata de estándares, se trata de dignidad. ¡Incluso los pecadores deberían tener algo de clase! ¿Sabe cuántos "influencers" quieren venderme su alma por seguidores? [sacudiendo la cabeza] Y lo peor es que ni siquiera tienen talento.
Psicólogo: ¿Y qué hace en esos casos?
Diablo: [encogiéndose de hombros] Acepto igual, pero solo porque me gusta ver cómo tratan de justificarlo después. "No, no vendí mi alma, es marketing digital." [finge indignación] Marketing, dicen. ¡Qué insulto para la profesión más antigua del mundo!
Psicólogo: Entonces, ¿podríamos decir que encuentra placer en el fracaso humano?
Diablo: [sonriendo ampliamente] Doctor, no lo llame fracaso. Llámelo entretenimiento en vivo. Aunque, si quiere ser técnico, a veces siento que el infierno es más como un programa de comedia que un lugar de castigo.
Psicólogo: ¿Un programa de comedia?
Diablo: ¡Por supuesto! Y yo soy el conductor. Solo que mi audiencia nunca se ríe, y yo siempre tengo que improvisar.
Psicólogo: Entonces, si el infierno es un programa de comedia, ¿qué tipo de audiencia espera?
Diablo: [ríe] ¡Oh, doctor, esa es la mejor parte! No espero audiencia, porque la humanidad ya es la comedia. ¿Ha revisado las redes sociales últimamente? Es como si se hubieran puesto de acuerdo para competir en "¿Quién dice la mayor estupidez?"
Psicólogo: ¿Y usted las revisa?
Diablo: Por supuesto. ¿Cree que me pierdo los memes sobre mí? [hace un gesto teatral] Aunque debo decir que estoy un poco decepcionado. ¡El "diablito" con un tridente está tan pasado de moda! ¿Dónde están los diseñadores gráficos con imaginación?
Psicólogo: [apuntando algo] Entonces, ¿las redes sociales son una herramienta para usted?
Diablo: [asiente, con una sonrisa astuta] Absolutamente. Son mi mejor invento desde la tentación original. ¿Sabe cuántos "influencers" hacen mi trabajo gratis? Ni siquiera tengo que aparecerme en sus sueños, ellos solitos promueven la envidia, la avaricia, la soberbia... [hace una pausa] Aunque debo admitir que TikTok me desconcierta.
Psicólogo: ¿Por qué TikTok?
Diablo: Porque es como un agujero negro de estupidez. La gente pasa horas viendo a alguien bailar o hacer "transiciones mágicas" mientras su vida real se desmorona. [mirando al público] Pero claro, nadie se pregunta: "¿Qué hice con mi día?" ¡Eso sí que sería un pecado, pensar!
Psicólogo: Entonces, ¿cree que las redes sociales fomentan el pecado?
Diablo: [hace un gesto exagerado] ¡Por supuesto! Pero no los pecados interesantes, como antes. Ahora es pura vanidad y superficialidad. Antes, los grandes pecadores querían conquistar reinos; ahora solo quieren likes. ¿Dónde está la ambición, doctor?
Psicólogo: Parece que siente nostalgia por un tipo diferente de humanidad.
Diablo: [se recuesta en el diván, suspirando teatralmente] Ah, sí. Extraño a los buenos pecadores. Napoleón, Cleopatra, Calígula... Gente que sabía lo que quería y lo tomaba con estilo. Hoy, el mayor logro de alguien es ser verificado en Instagram. ¡Qué mediocridad!
Psicólogo: [curioso] ¿Y ha considerado adaptarse a los tiempos modernos?
Diablo: [mirándolo incrédulo] ¿Adaptarme? ¡Yo inventé estos tiempos! Pero incluso yo tengo estándares, doctor. ¿Sabe cuál fue mi última gran decepción?
Psicólogo: ¿Cuál?
Diablo: El "Black Friday." [sacude la cabeza] ¡Es un espectáculo de horror! Gente peleando por televisores como si fueran la última cena. Y lo peor, ¡ni siquiera saben usar esos televisores! Los compran porque están "baratos." [pone voz de cliente confundido] "No sé qué es 4K, pero lo necesito."
Psicólogo: [sonriendo levemente] Parece que tiene opiniones fuertes sobre el consumismo.
Diablo: ¡Porque es patético! Antes, la gente trabajaba por sus riquezas, las acumulaba, las ostentaba. Ahora compran cosas que ni necesitan para impresionar a gente que ni les importa. [mirando al público] Si eso no es el verdadero infierno, no sé qué lo sea.
Psicólogo: Entonces, ¿el consumismo lo enfurece?
Diablo: [ríe, levantando las manos] No, doctor, me divierte. Es como ver a niños en una piscina de pelotas, peleándose por la roja porque "es más bonita." La diferencia es que los niños no tienen tarjetas de crédito.
Psicólogo: ¿Y qué haría si pudiera cambiar algo en la humanidad?
Diablo: [se queda en silencio por un momento, luego sonríe] Nada. Serían igual de aburridos. Pero tal vez les pondría un letrero gigante en el cielo que diga: "¡Todo esto es tu culpa!" Solo para ver cómo se lo explican entre ellos.
(El Diablo se queda en silencio por un momento, su sonrisa se desvanece ligeramente mientras mira hacia el techo. Habla como si estuviera reflexionando consigo mismo, aunque el psicólogo y el público pueden escuchar con claridad.)
Diablo: ¿La culpa? Ah, la culpa es el mayor invento de la humanidad. No mío, por cierto. Ellos la perfeccionaron. [pausa, levantando una mano con teatralidad] Es como un espejo roto: nadie quiere admitir que lo rompió, pero todos se cortan con los pedazos.
(El Diablo se incorpora ligeramente en el diván, con la mirada fija, como si viera algo más allá del consultorio.)
Diablo: Me culpan a mí, claro. Soy el villano perfecto: invisible, omnipresente, y siempre disponible para cargar con el peso de sus errores. "El Diablo me hizo hacerlo," dicen. [sonríe con amargura] No, querida humanidad, yo solo te mostré la puerta. Tú decidiste cruzarla.
Diablo: ¿Qué quieren de mí? ¿Que los salve? No es mi trabajo. Mi trabajo es mostrarles quiénes son en realidad. ¿Y sabe qué, doctor? Lo peor es que ni siquiera les gusta lo que ven. Se miran en el espejo y culpan al cristal por reflejarlos.
(El Diablo baja la mirada, casi melancólico, antes de volver a alzarla con una chispa en los ojos.)
Diablo: Pero ¿sabe cuál es el verdadero chiste? Que incluso cuando tienen el poder de cambiar, no lo hacen. Prefieren pelear entre ellos, acumular cosas que no necesitan, y quejarse de cómo todo está mal. ¿Y quién termina siendo el culpable? Yo, por supuesto. Siempre yo.
(Se recuesta nuevamente, dejando escapar un suspiro teatral.)
Diablo: No son mis tentaciones las que los destruyen, doctor. Son las suyas. Yo solo soy el pretexto perfecto.
(El silencio se hace palpable en el consultorio. El psicólogo observa al Diablo por unos instantes, sin responder, mientras el tictac del reloj parece resonar más fuerte. Finalmente, el Diablo sonríe con ironía y vuelve a cruzar las manos detrás de la cabeza.)
Diablo: Pero ¿qué le voy a hacer? La humanidad siempre necesita a alguien a quien culpar, y yo tengo los cuernos y la cola, así que encajo perfectamente.
Psicólogo: [después de un silencio medido] Parece que tiene una perspectiva bastante clara sobre la humanidad.
Diablo: [riendo suavemente] Claro que la tengo. Llevo siglos observándolos. Los conozco mejor que ellos mismos. [se inclina hacia adelante, como compartiendo un secreto] ¿Sabe cuál es la gran ironía? Creen que son criaturas racionales, pero están gobernados por sus emociones. Una pequeña chispa de miedo, envidia o deseo, y ya están corriendo hacia el desastre.
Psicólogo: ¿Y usted nunca actúa por emoción?
Diablo: [levantando un dedo como si estuviera dando una lección] Ah, esa es una buena pregunta, doctor. Por supuesto que lo hago. Pero, a diferencia de ellos, yo lo disfruto. No me engaño pensando que soy mejor de lo que soy.
Psicólogo: Entonces, ¿cree que el autoengaño es el mayor problema de la humanidad?
Diablo: [riendo a carcajadas] ¡Exacto! Es como si tuvieran un contrato de arrendamiento con la realidad, pero siempre intentaran cambiar los términos. "No, no soy codicioso, solo quiero lo que merezco." "No soy envidioso, es que esa persona no lo merece." ¡Por favor! [se recuesta en el diván con una sonrisa triunfante] Si fueran honestos consigo mismos, tal vez tendría menos trabajo.
Psicólogo: [curioso] ¿Y le molestaría tener menos trabajo?
Diablo: [fingiendo sorpresa] ¿Molestarme? ¡No! Me encantaría un poco de descanso. Imagíneme en una playa, con un coco en una mano y un tridente en la otra. Pero eso nunca pasará. La humanidad siempre encontrará la manera de arruinar algo.
Psicólogo: [anotando algo] Parece que no tiene mucha fe en la capacidad de cambio de las personas.
Diablo: ¿Fe? [ríe con amargura] Doctor, la fe es como un seguro de vida: todo el mundo lo quiere, pero nadie quiere usarlo. Y cuando lo hacen, normalmente es demasiado tarde.
Psicólogo: Si pudiera darles un consejo, ¿qué les diría?
Diablo: [piensa por un momento, luego sonríe] Que dejen de buscar culpas externas y empiecen a enfrentarse a sí mismos. Pero claro, eso me dejaría sin trabajo, así que mejor no digo nada.
Psicólogo: [arqueando una ceja] ¿Está diciendo que prefiere que las cosas sigan cómo están?
Diablo: [encogiéndose de hombros] ¿Por qué no? El caos me sienta bien. Pero le diré algo: si la humanidad lograra encontrar algo de paz, tal vez, solo tal vez, incluso yo encontraría algo de paz.
(Por un instante, su expresión se suaviza, pero rápidamente vuelve a su sonrisa irónica.)
Diablo: Aunque no apostaría por ello. Ya he visto cómo termina esta historia demasiadas veces.
Psicólogo: Parece que tiene un buen sentido del humor sobre todo esto.
Diablo: [señalando con una sonrisa maliciosa] Claro que lo tengo, doctor. Si no puedes reírte del infierno y del Diablo, ¿de qué puedes reírte?
Psicólogo: [mirándolo con leve curiosidad] Si no puede cambiar la naturaleza humana, y la humanidad tampoco parece querer cambiar, ¿cuál es el propósito de su existencia?
Diablo: [sonríe como si hubiera estado esperando la pregunta] Ah, el propósito. La gran cuestión. [señalando al psicólogo] Dígame, doctor, ¿cuál es el propósito de su existencia?
Psicólogo: [manteniendo la calma] Ayudar a otros a encontrar respuestas.
Diablo: [fingiendo asombro] ¡Qué noble! Aunque, si me permite, creo que su propósito es el mismo que el mío: observar cómo los demás tropiezan una y otra vez con la misma piedra. Solo que yo tengo un asiento en primera fila.
Psicólogo: Entonces, ¿ve su trabajo como un observador?
Diablo: Más bien como un crítico de cine, pero sin popcorn. Yo no hago la película, doctor, solo la reseño. Aunque, de vez en cuando, añado un giro interesante al guion.
Psicólogo: [arqueando una ceja] ¿Un giro interesante?
Diablo: Claro. Por ejemplo, ¿ha notado cómo, justo cuando alguien está a punto de lograr algo importante, siempre ocurre algo que lo arruina? [hace un gesto amplio] Ese soy yo. Pero no porque disfrute verlo fracasar, sino porque me encanta ver qué hacen después.
Psicólogo: ¿Y qué hacen normalmente?
Diablo: [con una carcajada] Se rinden. ¡Por supuesto que se rinden! Pero los pocos que no... esos son los que valen la pena.
Psicólogo: [anotando algo] Parece que tiene un respeto especial por aquellos que no se rinden.
Diablo: Oh, sí. Los admiro, aunque nunca se lo diría en persona. No quiero arruinar mi reputación.
Psicólogo: Si los admira, ¿por qué no los ayuda?
Diablo: [con tono burlón] Ayudarlos sería hacer trampa, doctor. Ellos necesitan ganárselo. Además, ¿quién soy yo para interferir en el libre albedrío?
Psicólogo: Pero dice que lo hace constantemente.
Diablo: [sonriendo ampliamente] Exacto. ¿Ve? ¡Esa es la ironía! No puedo resistirme. Es como si me pusieran un bizcocho delante y me dijeran: "No lo toques." ¿Qué clase de Diablo sería si obedeciera?
Psicólogo: Entonces, ¿cree que su naturaleza lo obliga a actuar así?
Diablo: [fingiendo indignación] ¡Por supuesto que sí! ¿Cree que tengo otra opción? Soy el Diablo. No puedo simplemente jubilarme, mudarme a una cabaña y criar cabras.
Psicólogo: [con un leve destello de humor] ¿Por qué no?
Diablo: Porque las cabras son demasiado parecidas a mí. Siempre se meten en problemas, hacen lo que quieren y miran a todos como si fueran superiores. Créame, sería una relación tóxica.
Psicólogo: Pregunto porque no puede jubilarse pero parece que tiene una relación complicada con su propia naturaleza.
Diablo: No es complicada, doctor, es fascinante. Soy un reflejo de lo que la humanidad no quiere admitir sobre sí misma. Y, sinceramente, creo que les gusta tenerme cerca. Les da una excusa para no enfrentarse a sus propios demonios.
Psicólogo: ¿Y eso lo satisface?
Diablo: No del todo. Pero ¿sabe qué? Estoy aprendiendo a disfrutar el espectáculo. Cada generación tiene su propio drama, y yo tengo un asiento reservado. Aunque, entre usted y yo, doctor, creo que esta generación está perdiendo el toque. Demasiadas pantallas, demasiados "likes" y muy poca sustancia.
(El Diablo mira al público directamente por un momento, con una sonrisa ladeada.)
Diablo: ¿Saben qué es lo más gracioso de todo esto? Que ustedes también están aquí, observándome, intentando decidir si soy tan malo como dicen... o quizás peor.
(Hace una pausa, dejando que su mirada recorra lentamente la audiencia. Se acomoda en el diván, como si disfrutara del momento.)
Diablo: Pero no se preocupen, no los juzgo. [hace un gesto de "tranquilos"] Después de todo, no están aquí por mí. Están aquí porque, de alguna forma, quieren ver algo de ustedes reflejado en mí.
(Se inclina hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas, con un aire conspirativo.)
Diablo: Oh, sí, los veo. Sus pequeñas dudas, sus secretos bien guardados. [ríe suavemente] No me molesta. De hecho, me encanta. Porque sé que, al final de esta noche, saldrán de aquí diciéndose: "Qué interesante", pero pensando: "¿Y si tiene razón?"
(El Diablo se recuesta nuevamente, cruzando los brazos detrás de la cabeza.)
Diablo: [mirando al techo, con tono despreocupado] No se preocupen, no voy a contarle a nadie lo que están pensando. Eso sería... [pausa dramática, sonrisa amplia]... aburrido.
(El tictac del reloj se intensifica ligeramente, como si marcara la tensión del momento. El Diablo cierra los ojos brevemente, con una expresión satisfecha, mientras la luz en el escenario comienza a atenuarse lentamente, dejando el consultorio en una penumbra sugestiva.)
Psicólogo: [después de una pausa, mientras observa al Diablo] Parece que disfruta bastante su papel como observador de la humanidad.
Diablo: [riendo suavemente] ¿Disfrutarlo? Claro, doctor. Es como ver una telenovela interminable, con el mismo drama, pero diferentes actores. ¡Y lo mejor es que siempre hay nuevos episodios!
Psicólogo: [anotando algo] Entonces, ¿cree que la humanidad no cambia realmente?
Diablo: Oh, cambian, claro. Pero no en esencia. Hace siglos luchaban por tierras y religiones; ahora luchan por Wifi gratuito y descuentos en apps de comida. El escenario cambia, pero los actores siguen siendo igual de predecibles.
Psicólogo: [sonriendo apenas] ¿Qué opina de esas luchas modernas?
Diablo: [con tono burlón] Son fascinantes, doctor. Ver a alguien indignado porque su pedido de café tardó cinco minutos es una obra de arte del egoísmo. "¿No sabe quién soy yo?" dicen. [sacude la cabeza] Y yo pienso: "Sí, sé quién eres, y créeme, no eres gran cosa."
Psicólogo: ¿Cree que el egoísmo es el mayor problema de la humanidad?
Diablo: No, el egoísmo es natural. El problema es el egoísmo mal ejecutado. Mire, si va a ser egoísta, hágalo bien. Piense a lo grande: conquiste un continente, escriba su nombre en la historia. Pero ¿quejarse porque le dieron leche de almendra en lugar de soya? [pone los ojos en blanco] Eso ni siquiera merece mi atención.
Psicólogo: [con seriedad] Parece que valora la ambición.
Diablo: [señalándolo con entusiasmo] ¡Exacto! La ambición, doctor, es lo que mueve al mundo. Pero ahora todo se diluye en comodidades y mediocridad. Antes, la gente quería cambiar el mundo; ahora solo quieren que Netflix les suba todos los capítulos de la temporada a la misma vez.
Psicólogo: [tras un momento de silencio] Si pudiera rediseñar el mundo, ¿cómo lo haría?
Diablo: [pensando por un instante] Para empezar, eliminaría los "días de descuento". Nada genera más caos innecesario que un viernes negro o una oferta de 2x1. ¿Sabe cuánto trabajo me cuesta manejar esos días? ¡Es una pesadilla logística!
Psicólogo: ¿Una pesadilla logística?
Diablo: [con sarcasmo] Claro. Gente peleando por televisores, empujándose por tostadoras o matándose por estacionamientos. Y luego llegan al infierno y me dicen: "No sé qué hice para merecer esto." [pone voz de fastidio] ¿En serio? ¿De verdad no lo sabes?
Psicólogo: [anotando algo] Parece que encuentra mucho humor en los errores humanos.
Diablo: Doctor, si no puedo reírme de ellos, ¿qué me queda? Mire, mi trabajo no es fácil. Yo no soy el villano de su película; soy el productor. Y créame, a veces siento que los actores no saben sus líneas.
Psicólogo: [curioso] ¿Qué haría si pudiera dirigirlos?
Diablo: [sonriendo ampliamente] Hacer un espectáculo digno de Broadway, por supuesto. Algo con más drama, más intensidad... y menos TikToks.
Psicólogo: [tras una pausa] Parece que tiene un profundo deseo de ver a la humanidad actuar con más... ¿dignidad?
Diablo: [burlón] Dignidad, doctor. Es una palabra bonita, pero poco práctica. No, no quiero que sean dignos. Quiero que sean interesantes.
(El Diablo sigue recostado en el diván, jugando con sus manos cruzadas detrás de la cabeza. El psicólogo observa su libreta, aparentemente concentrado, mientras el tictac del reloj llena el espacio. De repente, un sonido estridente, como una alarma, retumba en el consultorio. Es tan fuerte que incluso el Diablo se sobresalta y se incorpora bruscamente.)
Diablo: [con los ojos abiertos de par en par] ¡¿Qué diablos fue eso?!
(El psicólogo, sin inmutarse, cierra su libreta con calma y se levanta de su silla, dejando la taza de café sobre el escritorio.)
Psicólogo: [mirándolo con una leve sonrisa] Ve, no todos somos tan predecibles.
Diablo: [confundido, mirando a su alrededor] ¿Qué quiere decir?
Psicólogo: [señalando el reloj] Se le acabó el tiempo en esta sesión.
(El Diablo lo mira incrédulo por un momento, luego su expresión se transforma en una mezcla de irritación y diversión. Se acomoda la solapa del traje con exagerada dignidad y suelta una carcajada.)
Diablo: [riendo mientras se levanta del diván] ¡Touché, doctor! Me gusta su estilo. Aunque debo decir, ese sonido... [se estremece un poco] ...me hizo cuestionar mis propios nervios.
Psicólogo: [asintiendo mientras ordena sus notas] A todos nos hace bien un poco de incertidumbre de vez en cuando.
Diablo: [caminando hacia la puerta, girándose antes de salir] Esto ha sido... interesante. Pero no se emocione mucho, doctor. Si algo he aprendido de la humanidad, es que las cosas interesantes no suelen durar.
Psicólogo: [con calma] Nos veremos en la próxima sesión.
Diablo: [con una sonrisa traviesa] Oh, no lo dude. Después de todo, no quiero perderme lo que viene.
(El Diablo sale del consultorio, cerrando la puerta detrás de él. El psicólogo observa la puerta por un momento, luego regresa a su silla, mira el reloj, y suelta un leve suspiro. El sonido del tictac persiste mientras la luz comienza a atenuarse lentamente, dejando al público con la imagen del reloj que sigue marcando las 3:33.)


